Seguramente todos hemos escuchado alguna vez hablar de fenómenos paranormales. Apariciones, voces sin un origen aparente, objetos que parecen moverse solos, luces extrañas o sucesos para los que, en un primer momento, no encontramos una explicación. Pero ¿qué significa realmente que algo sea paranormal?

El prefijo para- puede expresar ideas como «al margen de», «junto a» o «más allá de». Por ello, cuando hablamos de un fenómeno paranormal solemos referirnos a un acontecimiento que aparentemente queda fuera de aquello que conocemos o podemos explicar mediante los conocimientos actuales.

El problema comienza cuando confundimos «no sé qué ha ocurrido» con «ha ocurrido algo paranormal». Son dos cosas muy diferentes.

Que un sonido no tenga una explicación inmediata no significa que su origen sea desconocido. Puede significar simplemente que todavía no hemos encontrado la causa que lo produjo.

A la hora de investigar un supuesto fenómeno paranormal, una de las primeras cosas que deberíamos hacer es intentar alejarnos, en la medida de lo posible, de nuestras propias creencias y expectativas. Si entramos en un lugar convencidos de que está encantado, cualquier ruido, sombra o movimiento puede acabar interpretándose desde esa idea previa.

Y ahí aparece uno de los principales problemas de este tipo de investigaciones: la realidad subjetiva.

Las sensaciones y percepciones forman parte de la experiencia de una persona y, por supuesto, pueden recogerse como testimonio. Alguien puede afirmar que ha sentido frío, que ha tenido la sensación de ser observado o que ha percibido una presencia. El problema es que esas sensaciones no pueden considerarse, por sí solas, una prueba de que haya ocurrido un fenómeno anómalo.

Cada persona percibe el entorno de manera diferente. El cansancio, la sugestión, el miedo, las condiciones ambientales o incluso nuestras propias expectativas pueden influir en aquello que creemos estar percibiendo.

Por eso, cuando se analiza un supuesto fenómeno paranormal, resulta fundamental intentar encontrar primero las explicaciones más sencillas y comprobables. Un ruido puede proceder de una tubería, de una estructura que se dilata, de un animal o de alguien situado a cierta distancia. Una luz extraña puede ser el reflejo de un vehículo, una fuente luminosa cercana o incluso un efecto producido por la propia cámara.

Aplicar lógica y sentido común no resta interés a una investigación. Todo lo contrario.

Si conseguimos explicar un fenómeno, habremos averiguado qué lo produjo. Y si no conseguimos hacerlo, lo correcto no es afirmar automáticamente que estamos ante algo paranormal, sino reconocer que con la información disponible no hemos podido determinar su origen.

A partir de ahí comienza la parte más interesante: documentar el entorno, comprobar las condiciones en las que ocurrió el suceso, revisar los equipos utilizados, buscar posibles contaminaciones y consultar información que pueda ayudarnos a encontrar una explicación.

El objetivo debería ser ir descartando posibilidades.

Si grabamos una supuesta voz, antes de considerarla anómala deberíamos preguntarnos si había personas cerca, si podía existir contaminación acústica, si el dispositivo podía recibir interferencias o si el sonido podía proceder del propio entorno. Lo mismo ocurre con una fotografía, un vídeo o cualquier otro registro.

Cuantas más explicaciones normales podamos descartar de manera razonada, más interesante será aquello que permanezca sin resolver.

Pero incluso entonces debemos ser prudentes.

Que no encontremos una explicación no significa que esa explicación no exista. Simplemente puede significar que todavía no disponemos de los datos necesarios para encontrarla.

A lo largo de la historia han existido numerosos fenómenos naturales que durante siglos parecieron inexplicables. El conocimiento científico ha avanzado precisamente porque alguien decidió hacerse preguntas sobre aquello que todavía no comprendíamos.

Por eso, el misterio y la ciencia no tienen por qué ser enemigos. La curiosidad es precisamente uno de los motores que nos lleva a investigar.

El mundo de los fenómenos paranormales resulta apasionante porque nos obliga a plantearnos preguntas sobre aquello que creemos conocer. Sin embargo, también exige prudencia. Si todo ruido es una psicofonía, toda sombra es una aparición y cualquier fallo de un dispositivo se convierte automáticamente en una prueba paranormal, dejamos de investigar y comenzamos simplemente a confirmar aquello que ya queríamos creer.

Desde Expediente Infinity preferimos partir de otro punto: primero intentar explicar y después, si algo continúa sin respuesta, seguir investigando.

Porque quizá uno de los mayores errores dentro del misterio sea querer encontrar respuestas antes incluso de haber formulado correctamente las preguntas.

© Isabel Pagán y Enrique Soler – Expediente Infinity. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción, distribución, modificación o utilización total o parcial de este contenido, incluidos sus textos y fotografías, sin autorización expresa de sus autores.


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