¿Por qué soñamos con acontecimientos futuros? ¿Por qué, en ocasiones, soñamos con situaciones del pasado que no ocurrieron exactamente como las recordamos? ¿Pueden esconder algún mensaje los sueños? Son preguntas que el ser humano se hace desde hace miles de años y que, pese a todo lo que hoy conocemos sobre el funcionamiento del cerebro y las distintas fases del sueño, siguen dejando espacio para muchas incógnitas.

Desde el punto de vista científico, los sueños se consideran una actividad generada por nuestro propio cerebro, en la que pueden mezclarse imágenes, sonidos, recuerdos, emociones y sensaciones. Sin embargo, esta explicación no ha impedido que, desde la antigüedad, diferentes culturas hayan dado a los sueños significados mucho más profundos.

Algunas civilizaciones creían que durante el sueño era posible establecer contacto con el mundo de los muertos, mientras que otras interpretaban determinadas experiencias oníricas como viajes a otros lugares o realidades. A lo largo de la historia, los sueños también han sido considerados advertencias, mensajes, presagios o incluso una vía de comunicación con aquello que escapa a nuestra percepción habitual.

Personalmente, en más de una ocasión me he preguntado hasta qué punto conocemos realmente lo que ocurre mientras soñamos. ¿Y si algunos sueños fueran algo más que una construcción de nuestra mente? ¿Podría existir alguna relación entre esas experiencias y realidades que todavía no somos capaces de comprender?

Una de las fases del sueño que más interés despierta es la fase REM, momento en el que suelen producirse sueños especialmente intensos y vívidos. Durante esta fase aumenta considerablemente la actividad cerebral y se produce una inhibición de gran parte de la musculatura, lo que evita que reproduzcamos físicamente muchos de los movimientos que realizamos mientras soñamos.

Es precisamente esa combinación entre una intensa actividad cerebral y la reducción del movimiento corporal la que ha alimentado numerosas interpretaciones fuera del ámbito científico. Desde una perspectiva especulativa, hay quien se pregunta si durante el sueño podría producirse algún tipo de acceso a otras realidades o planos distintos al nuestro.

A partir de ahí aparecen hipótesis relacionadas con dimensiones paralelas, universos alternativos o supuestos viajes astrales. Estas ideas no cuentan con pruebas científicas que demuestren que podamos acceder a otros universos mientras dormimos, pero continúan formando parte del debate dentro del misterio y de las interpretaciones que, desde hace siglos, se han dado al mundo de los sueños.

La física moderna ha planteado modelos teóricos en los que se contempla la posible existencia de múltiples universos o dimensiones adicionales. Sin embargo, la existencia de estas hipótesis científicas no significa que los sueños puedan actuar como portales hacia ellas. Son cuestiones distintas que, pese a ello, resultan especialmente sugerentes cuando se habla de los límites de nuestra percepción.

En ocasiones, los sueños pueden ser tan reales que al despertar cuesta diferenciar durante unos instantes lo soñado de lo vivido. Probablemente todos, o casi todos, hemos tenido alguna vez la sensación de encontrarnos en un lugar conocido o de vivir una situación que nos resulta extrañamente familiar.

Algo parecido ocurre con el déjà vu, esa sensación de estar viviendo de nuevo una escena que, aparentemente, no habíamos experimentado antes. Existen diferentes explicaciones científicas relacionadas con la memoria, la percepción y la forma en la que el cerebro procesa determinados estímulos.

Junto a ellas también han aparecido interpretaciones mucho más especulativas, como la posibilidad de que esa sensación pudiera estar relacionada con información procedente de otra realidad o de un supuesto universo paralelo. De nuevo, no existen pruebas que permitan afirmar algo así, pero la idea continúa despertando curiosidad.

No soy una persona que recuerde habitualmente sus sueños, pero los pocos que sí recuerdo hacen que me plantee una pregunta concreta: ¿por qué en mis sueños aparezco muchas veces en tercera persona?

En lugar de vivir la escena desde mis propios ojos, me veo a mí mismo desde fuera, como si estuviera observando lo que ocurre desde otro punto de vista. Puede tratarse simplemente de la forma en la que mi cerebro reconstruye esas imágenes o, incluso, de que recuerde con mayor facilidad aquellos sueños en los que aparece esa perspectiva.

Pero, como suele ocurrir cuando hablamos de los sueños, siempre queda abierta la puerta a otras preguntas. ¿Por qué algunos sueños parecen completamente incoherentes mientras otros tienen una estructura casi perfecta? ¿Por qué podemos despertar con la sensación de haber estado realmente en otro lugar? ¿Y por qué determinados sueños permanecen en nuestra memoria durante años mientras otros desaparecen segundos después de abrir los ojos?

A día de hoy conocemos mucho más sobre las fases del sueño, la actividad cerebral que se produce mientras dormimos y algunos de los trastornos relacionados con él. Sin embargo, todavía quedan muchas incógnitas sobre cómo se construyen exactamente los sueños, por qué soñamos unas cosas y no otras o qué papel desempeñan determinadas experiencias oníricas.

Quizá con el tiempo podamos comprender mejor estos procesos y muchas de las preguntas que hoy nos hacemos tengan una explicación mucho más sencilla de lo que imaginamos. También puede ser que los sueños no sean más que una extraordinaria creación de nuestra propia mente.

Mientras tanto, seguirán conservando algo que siempre ha acompañado al ser humano: el misterio de no saber del todo qué ocurre cuando cerramos los ojos.

© Isabel Pagán y Enrique Soler – Expediente Infinity. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción, distribución, modificación o utilización total o parcial de este contenido, incluidos sus textos y fotografías, sin autorización expresa de sus autores.


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