A simple vista, El Castil es una cortijada abandonada más del paisaje de Torredelcampo. Sin embargo, tras sus muros en ruinas se esconde una historia de siglos que solo comenzó a revelarse después de nuestra primera visita.

Llegamos hasta allí en diciembre de 2014, durante una visita familiar a la provincia de Jaén. En aquel momento desconocíamos por completo su pasado. El lugar nos cautivó y nos hizo plantearnos numerosas preguntas: ¿quiénes habían vivido allí?, ¿qué historia guardaban aquellas ruinas?, ¿por qué terminó abandonado?

Encontrar respuestas no fue sencillo. La información aparecía fragmentada y, en ocasiones, mezclada con leyendas y relatos transmitidos de boca en boca. Sin embargo, poco a poco encontramos un hilo del que tirar.

Desde entonces, hemos recopilado documentación histórica y realizado numerosas visitas a El Castil para contrastar los datos y reconstruir el pasado de este enclave.

Fotografía de Isabel Pagán
Un viaje por la Historia

Aunque existen referencias históricas de El Castil desde el siglo I d. C., el enclave adquirió una mayor relevancia a partir de mediados del siglo XIII. Su situación estratégica lo convirtió en un lugar importante dentro de los conflictos que se desarrollaron en la provincia de Jaén.

Nos remontamos a 1246, después de un asedio de ocho meses por parte del rey Fernando III que concluyó con la rendición del primer rey nazarí del Reino de Granada, Ibn al-Aḥmar, y el posterior Pacto de Jaén, mediante el cual quedó fijada la frontera entre ambos reinos.

Después del pacto y por disposición del rey Fernando III, los castillos y torreones construidos por los nazaríes —entre los que se encontraba El Castil— fueron aprovechados y transformados por los cristianos para utilizarlos como zonas de control por parte de la nobleza.

Así nació la cortijada de El Castil. Gran parte de la piedra del castillo fue utilizada para construir la casa principal y las sucesivas viviendas que formaron el conjunto.

En 1378, la riqueza de sus recursos era considerable y la nobleza era consciente de ello. El arroyo Martín Gordo discurría por las inmediaciones de la cortijada, como reflejaría posteriormente Pascual Madoz en sus documentos, y sus aguas fueron aprovechadas para construir un molino hidráulico destinado a las cosechas de cereal.

El lugar también contaba con salinas y yeseras de las que se extraía piedra caliza. Existen documentos que plantean la posibilidad de que varias esculturas conservadas en la Catedral de Jaén fueran realizadas con piedra procedente de los terrenos de El Castil.

En 1410, el propietario de El Castil era el regidor de Jaén Rodrigo Rodríguez de Anaya. Sin embargo, conservaría la propiedad durante poco tiempo. En 1419 recibió una notificación del Cabildo de Jaén, apoyado por Toledo, mediante la cual se le comunicaba la expropiación del lugar.

El Castil pasó entonces a manos del Cabildo Catedralicio de Jaén, cuya intención era explotar sus recursos mediante un régimen de arrendamiento.

El 6 de diciembre de 1430, don Alfonso García de Úbeda heredó de su padre el arrendamiento del cortijo. El Cabildo de Jaén le impuso una serie de obligaciones, entre ellas la reparación de las almenas de la torre en un plazo de tres años, la finalización de una casa cuya construcción había iniciado su padre y la reparación de unas minas situadas cerca del castillo.

Fotografía de Isabel Pagán

A principios del siglo XVI, Bernardo de Sandoval y Rojas, II marqués de Denia y regidor de la Casa de la reina Juana en Tordesillas —madre de Carlos V—, consiguió diferentes privilegios de la Corona y de la Sede Apostólica.

Su tercer hijo, Diego de Rojas y Sandoval, tenía el destino marcado para ocupar el deanato de la Catedral de Jaén, la máxima autoridad dentro del cabildo en ausencia del obispo.

Entre los privilegios vinculados a su condición de deán de Jaén, Diego de Rojas y Sandoval recibió del Cabildo Catedralicio las tierras de El Castil de la Peña, que permanecían arrendadas para la labranza a vecinos de Torredelcampo.

Tras la muerte de Diego de Rojas y Sandoval, ocurrida el 8 de abril de 1587, el usufructo del cortijo El Castil pasó a su hijo Bernardo de Rojas.

El 30 de junio de 1590, Bernardo de Rojas decidió realizar dos donaciones relacionadas con las tierras de El Castil. Una parte del usufructo fue destinada a su fiel criado, Diego de Villar, mientras que la otra fue entregada a su amante, Isabel de Quesada.

Durante los tres siglos siguientes, la propiedad de El Castil continuó creciendo. En 1752 ya contaba con una extensión de 130 fanegas, equivalentes aproximadamente a 845.000 metros cuadrados.

Conocemos esta referencia gracias a la documentación del arrendamiento de las tierras que el Cabildo Catedralicio de Jaén concedió a don Miguel de la Peña.

Sin embargo, la propiedad no permaneció siempre en manos de la Iglesia. A mediados del siglo XIX, como consecuencia de la desamortización de Pascual Madoz de 1855, el Cabildo Catedralicio de Jaén perdió la titularidad de El Castil, que pasó a manos particulares.

A principios del siglo XX encontramos una referencia histórica especialmente curiosa. En 1907, cuando don Juan Sánchez Mármol era titular de la propiedad, fue víctima de una extorsión cometida por un bandolero.

El 19 de agosto, el famoso ladrón y bandolero conocido como «El Pernales» exigió al propietario la cantidad de 5.000 pesetas, una cifra desorbitada para la época de la que don Juan no disponía.

Para fortuna del propietario y de los vecinos de la zona, El Pernales huyó ante la persecución de la Guardia Civil. Días después, una publicación del Diario de Reus informaba de que se ofrecían 25.000 pesetas por la captura del conocido bandolero y lo situaba en la zona de Torredelcampo, donde continuaba realizando sus fechorías.

Finalmente, el 31 de agosto de 1907, El Pernales fue abatido por la Guardia Civil en la provincia de Albacete.

Poco sabemos sobre lo sucedido en El Castil durante los años posteriores. Una de las últimas crónicas localizadas corresponde a 1932. La Gaceta de Madrid, dentro de su apartado dedicado a las ejecuciones hipotecarias y los embargos, menciona El Castil por formar parte de los terrenos colindantes de una propiedad que se encontraba en proceso de embargo.

Todo parece indicar que, después de la Guerra Civil, El Castil fue perdiendo sus principales recursos. Tanto sus propietarios como los demás habitantes del cortijo terminaron trasladándose a núcleos urbanos que disponían de mejores comunicaciones y suministros.

Fotografía de Isabel Pagán
Mitos y leyendas

Durante los últimos años, muchas personas han conocido la existencia de El Castil. Esta popularidad puede convertirse en un arma de doble filo, especialmente cuando se utilizan expresiones como «me han dicho» o «me han contado» como única fuente de información.

Aunque recientemente se han descubierto trincheras del ejército republicano muy próximas al enclave, no es cierto que exista una fosa común de la Guerra Civil en El Castil o, al menos, no hay documentación que permita afirmarlo.

El lugar no aparece registrado como fosa común en los archivos de Memoria Histórica consultados, actualizados en abril de 2018.

Otra de las historias difundidas habla de una supuesta epidemia de fiebre amarilla. Aunque esta enfermedad afectó a determinados puntos de la geografía española, su transmisión no se produce directamente de persona a persona, sino a través de la picadura de mosquitos infectados.

Estos mosquitos necesitan unas condiciones ambientales concretas, especialmente temperaturas elevadas y una humedad propia de zonas subtropicales. Los estudios sanitarios consultados sitúan los principales focos históricos en ciudades y zonas costeras como Cádiz, Sevilla o Málaga, y no en áreas rurales del interior como la provincia de Jaén.

Además, un episodio de esas características habría tenido la suficiente relevancia como para quedar registrado en la documentación y en la prensa histórica de la época.

Como estos, existen otros relatos asociados a El Castil que se han transmitido con el paso de los años sin que hayamos encontrado documentación que permita confirmarlos.

Bibliografía:

  • Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar
  • Los Rojas y Sandoval y el Deanato de la Catedral de Jaén en el siglo XVI. Francisco Martínez Gutierrez (Universidad de Granada)
  • ABC crónica de sucesos 22 de agosto 1907
  • Diario de Reus 26 de agosto 1907
  • Wikipedia
  • Gaceta de Madrid 2 de Agosto 1932
  • Patrimonio Eclesiástico del Obispado de Baeza-Jaén (siglo XIII-XVI)
  • Instituto Nacional de Estadística
  • Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico (Junta de Andalucía)  

Publicado el 14 de septiembre de 2018

© Isabel Pagán y Enrique Soler – Expediente Infinity. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción, distribución, modificación o utilización total o parcial de este contenido, incluidos sus textos y fotografías, sin autorización expresa de sus autores.


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2 respuestas a «El Castil: historia y sus leyendas»

  1. Avatar de tobruk

    Excelente trabajo!!!. Espectacular. Muchas gracias y felicidades.

    1. Avatar de Infinity
      Infinity

      ¡Muchas gracias! Saludos.