Hay lugares que, con el paso del tiempo, terminan siendo casi tan conocidos por lo que se cuenta de ellos como por su propia historia. La Mussara es uno de esos lugares. Su abandono, su aislamiento, sus ruinas y, sobre todo, la niebla que aparece con frecuencia sobre el antiguo pueblo han contribuido a crear alrededor de él una atmósfera muy particular.

Situada en la provincia de Tarragona, a unos 980 metros de altitud, La Mussara permanece deshabitada desde 1960. Las causas de su abandono no parecen responder a un único motivo. Entre las razones que se han señalado se encuentran los problemas derivados de la filoxera, que afectó a los viñedos, así como el aislamiento, las dificultades de comunicación y la falta de determinados servicios que sí podían encontrarse en otras poblaciones cercanas.

Con el paso de los años, sus habitantes fueron marchándose y las viviendas quedaron vacías. Hoy todavía pueden encontrarse varias edificaciones en ruinas y, entre todas ellas, destaca la iglesia de Sant Salvador, de origen medieval y posteriormente modificada, de la que se conservan parte de su estructura y su característico campanario.

Fotografía de Isabel Pagán

Recorrer La Mussara permite imaginar cómo pudo ser la vida cuando aquellas casas todavía estaban habitadas. Sin embargo, su paisaje y sus condiciones también han favorecido que alrededor del pueblo se hayan formado numerosas historias, algunas de ellas tan mezcladas con hechos reales que, en ocasiones, resulta complicado saber dónde termina la historia y dónde comienza la leyenda.

Una de las más conocidas está relacionada con Isidre Pàmies i Borràs, conocido como Cercós, militar carlista vinculado a la Tercera Guerra Carlista. En 1873 habría resultado gravemente herido y fue trasladado hasta La Mussara, donde encontró refugio en una vivienda perteneciente a un simpatizante carlista. Los liberales lo buscaban y sus compañeros intentaron mantener oculto su paradero.

Finalmente murió a consecuencia de sus heridas. Según el relato transmitido alrededor de aquellos acontecimientos, su cuerpo habría sido escondido temporalmente en una cueva cercana conocida como la Cova dels Carlins antes de ser enterrado discretamente en el cementerio de La Mussara.

Hasta aquí nos movemos dentro de un episodio ligado a un contexto histórico real. A partir de ese momento, sin embargo, el relato comienza a mezclarse con la leyenda.

Se cuenta que los liberales llegaron hasta La Mussara al conocer la noticia de la muerte de Cercós. Querían localizar su cuerpo y comprobar que realmente había fallecido, por lo que se dirigieron al cementerio con intención de desenterrarlo. Fue entonces cuando, según la historia, apareció una niebla tan espesa que apenas permitía ver lo que tenían delante.

Con prisas y prácticamente a ciegas, los soldados abrieron una tumba equivocada. En lugar de encontrar el cuerpo que buscaban, sacaron el de una anciana fallecida pocos días antes y a la que algunos habitantes del pueblo atribuían fama de bruja. Los soldados llevaron el cadáver hasta las proximidades de la iglesia y, creyendo tener delante al propio Cercós, se dispusieron a disparar contra él.

La leyenda cuenta que, en ese preciso instante, la anciana abrió los ojos y pronunció una maldición contra La Mussara y sus habitantes. Evidentemente, estamos ante un relato legendario, pero resulta interesante comprobar cómo un episodio relacionado con un personaje histórico terminó transformándose, con el paso del tiempo, en una de las historias más conocidas del pueblo.

Fotografía de Isabel Pagán

No es la única leyenda que rodea a La Mussara. Otra de las más peculiares es la de la Pedra del Sis, la Piedra del Seis, que supuestamente estaría situada en algún punto del antiguo pueblo.

Según esta historia, pisar dicha piedra permitiría acceder a otro lugar conocido como la Vila del Sis, una especie de versión paralela de La Mussara. La descripción cambia según quién la cuente, pero una de las versiones habla de un pueblo prácticamente idéntico al que conocemos, aunque envuelto en una atmósfera distinta, con tonalidades rojizas y una percepción diferente del tiempo.

El número seis se habría relacionado posteriormente con simbolismos vinculados al diablo, lo que ayudó todavía más a alimentar la historia. El problema aparece cuando alguien intenta localizar la famosa piedra, ya que a lo largo de los años se han señalado diferentes lugares en los que supuestamente estaría situada.

Lo curioso es que existen varias «ubicaciones exactas», algo bastante complicado si tenemos en cuenta que debería tratarse de una única piedra. Tampoco existe una descripción concreta que permita diferenciarla de las centenares de piedras que pueden encontrarse caminando por La Mussara.

Nosotros, por si acaso y porque la curiosidad siempre puede más, hemos pisado unas cuantas durante nuestras visitas. Hasta el momento, no hemos aparecido en ninguna versión paralela del pueblo ni hemos percibido La Mussara bajo unos inquietantes tonos rojizos.

Fotografía de Isabel Pagán

Más allá de creer o no en estas historias, las leyendas forman parte de la identidad que La Mussara ha ido adquiriendo con el paso de los años. Son relatos que se han transmitido de unas personas a otras, modificándose y mezclándose en ocasiones con acontecimientos reales.

Quizá ahí se encuentre buena parte de su atractivo. La Mussara real no necesita demasiados adornos: sus ruinas, su historia, el silencio de la montaña y esa niebla capaz de aparecer cuando menos se espera ya crean por sí solos una atmósfera difícil de encontrar en otros lugares.

Hoy está lejos de ser un lugar olvidado. Senderistas, ciclistas, curiosos y personas que simplemente quieren disfrutar de la naturaleza llegan hasta allí durante todo el año. Nosotros también hemos regresado en numerosas ocasiones, atraídos tanto por su historia como por todo aquello que se ha contado alrededor del pueblo.

Existe, además, otra cara de La Mussara que durante años también despertó nuestra curiosidad: los relatos de desapariciones, luces extrañas, supuestos desfases temporales y las investigaciones que nosotros mismos realizamos en el lugar. Esa parte merece ser tratada por separado.

Leer: La Mussara, misterio e investigación paranormal

Publicado el 13 de julio de 2016

© Isabel Pagán y Enrique Soler – Expediente Infinity. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción, distribución, modificación o utilización total o parcial de este contenido, incluidos sus textos y fotografías, sin autorización expresa de sus autores.


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