Hoy es conocida por los cientos de conejos que recorren libremente sus caminos, se acercan a los visitantes y se han convertido en su principal atractivo turístico. Sin embargo, detrás de la imagen amable de Okunoshima, una pequeña isla situada en el mar Interior de Seto, en la prefectura japonesa de Hiroshima, se esconde uno de los episodios más oscuros y desconocidos de la historia militar de Japón.
En 1925 se firmó el Protocolo de Ginebra, que prohibía el uso en guerra de gases asfixiantes, venenosos y otros agentes químicos o bacteriológicos. Japón fue uno de los países que lo firmó, aunque no lo ratificó hasta décadas después. El protocolo se centraba en su utilización durante los conflictos y no establecía entonces una prohibición general de fabricar o almacenar este tipo de armamento.
Pocos años después, el Ejército Imperial japonés escogió Okunoshima para establecer una instalación dedicada a la producción de armas químicas. La isla reunía unas condiciones especialmente útiles para un proyecto que debía mantenerse en secreto: estaba relativamente aislada, pero al mismo tiempo permitía el acceso necesario para transportar materiales y personal.
En 1927, la isla pasó a estar bajo control del Ejército con el objetivo de desarrollar allí la producción de gases tóxicos y, en 1929, comenzó a funcionar la fábrica. El secretismo llegó hasta el punto de que Okunoshima fue eliminada de algunos mapas de la época y buena parte de la población desconocía qué se producía realmente en sus instalaciones.

Durante los años siguientes, en Okunoshima se fabricaron distintos agentes químicos destinados a la guerra, entre ellos gas mostaza y lewisita, además de otros compuestos. La exposición a estas sustancias tuvo graves consecuencias para numerosos trabajadores de la planta, y estudios posteriores han encontrado entre antiguos empleados una mayor incidencia de enfermedades respiratorias y determinados tipos de cáncer.
El peligro no procedía únicamente de grandes accidentes. La exposición continuada a pequeñas cantidades de determinadas sustancias podía provocar daños que aparecerían muchos años después. Investigaciones médicas realizadas con antiguos trabajadores encontraron alteraciones relacionadas con la exposición al gas mostaza y otros agentes utilizados en la fábrica.

La actividad de la planta continuó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Con la derrota japonesa, parte de la documentación relacionada con el complejo fue destruida y las fuerzas aliadas se hicieron cargo de las sustancias químicas almacenadas y de las instalaciones. Posteriormente, la isla fue sometida a trabajos de descontaminación y gran parte de las estructuras vinculadas a la producción química fueron destruidas o abandonadas.
El final de la fábrica no significó, sin embargo, el final de sus consecuencias. Durante décadas, antiguos trabajadores continuaron padeciendo problemas de salud relacionados con aquella exposición, hasta que se establecieron medidas de asistencia médica y apoyo para las personas afectadas.
Con el paso del tiempo, Okunoshima cambió radicalmente de aspecto y de función. La antigua isla secreta terminó integrada en el Parque Nacional de Setonaikai y se convirtió en un espacio destinado al turismo y al contacto con la naturaleza. Aun así, numerosas construcciones recuerdan todavía su pasado militar: antiguos almacenes, baterías, restos de instalaciones y la enorme estructura de la antigua central eléctrica permanecen repartidos por la isla.
En 1988 abrió sus puertas el Museo del Gas Venenoso de Okunoshima, creado para conservar la memoria de lo ocurrido y mostrar las consecuencias que tuvo la fabricación de armas químicas tanto para quienes trabajaron allí como para las generaciones posteriores. Entre sus fondos se conservan objetos, prendas y equipos relacionados con los trabajadores y con la producción desarrollada en la isla.

Pero si existe algo que actualmente identifica a Okunoshima son sus conejos. Su presencia es tan numerosa que el lugar ha acabado siendo conocido internacionalmente como Rabbit Island, la Isla de los Conejos.
El origen exacto de la población actual no está del todo claro y existen diferentes versiones. Una de ellas sostiene que descienden de ocho conejos liberados por escolares en 1971, mientras que otra los relaciona con los animales utilizados durante la época de la fábrica. La propia Organización Nacional de Turismo de Japón recoge ambas historias sin dar por demostrada ninguna de ellas.
La imagen no deja de resultar llamativa. Un lugar que durante años desapareció de los mapas debido al secretismo militar es hoy visitado precisamente por todo lo contrario: su naturaleza, su tranquilidad y los animales que recorren libremente la isla.
Sin embargo, basta alejarse un poco de los conejos y recorrer las antiguas instalaciones para descubrir que Okunoshima conserva dos caras completamente diferentes. La más conocida es la de la actual Isla Conejo; la otra permanece entre edificios abandonados, restos militares y un pequeño museo que recuerda el motivo por el que, durante años, aquella isla no debía aparecer en ningún mapa.
Y quizá sea precisamente ese contraste el que convierte a Okunoshima en un lugar tan peculiar: bajo uno de los destinos más curiosos y aparentemente tranquilos de Japón permanece todavía la huella de un pasado que durante décadas se intentó mantener en secreto.
Bibliografía
- Comité Internacional de la Cruz Roja. Protocol for the Prohibition of the Use in War of Asphyxiating, Poisonous or Other Gases, and of Bacteriological Methods of Warfare (1925). Incluye las fechas de firma y ratificación de Japón. Consultar fuente
- Ayuntamiento de Takehara. Museo del Gas Venenoso de Okunoshima. Información oficial sobre la fábrica, su funcionamiento entre 1929 y 1945 y la creación del museo en 1988. Consultar fuente
- Organización Nacional de Turismo de Japón. Isla de los conejos (Okunoshima). Historia de la isla, fábrica secreta de armas químicas, museo y distintas versiones sobre el origen de los conejos actuales. Consultar fuente en español
- Ministerio de Medio Ambiente de Japón — Centro de Visitantes de Okunoshima. Los conejos de la isla. Recoge la versión según la cual ocho conejos fueron liberados en 1971 y dieron origen a la población actual. Consultar fuente
- Nishimoto, Y. et al. Epidemiological studies of lung cancer in Japanese mustard gas workers. Estudio sobre la relación entre la exposición al gas mostaza de los trabajadores de Okunoshima y distintos tipos de cáncer. Consultar estudio
- Yanagida, J. et al. Somatic mutation in peripheral lymphocytes of former workers at the Okunojima poison gas factory. Estudio sobre daños celulares y exposición al gas mostaza entre antiguos trabajadores de la fábrica. Consultar estudio
- Mustard gas exposure and mortality among retired workers at a poisonous gas factory in Japan: a 57-year follow-up cohort study. Investigación de seguimiento a largo plazo sobre mortalidad y enfermedades respiratorias entre antiguos trabajadores de Okunoshima. Consultar estudio
Publicado el 5 de agosto de 2015
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